sábado, 22 de noviembre de 2008

En Algún Lugar Un Mapa

Poema de Floriano Martins

Versión castellana de Benjamín Valdivia

¿Cuántas serán las migajas del espíritu,
cuando este mal deletrea sus extravíos?
Un bocado de nada, ¿cuánto le cuesta?

¿Cuántas veces soportará el desatino de ser
tan excesivamente nada entre escombros?
¿Qué precio en cada aguja que lo deshila?

Una vez que empalidece el mapa de la ilusión,
ya no reconoce un vestigio propio.
De tanto mirar para sí, ¿cuántos ve hasta ahora?

¿Será de este modo que se disipa, tan líquido?
Quien sea que encuentre durante la caída,
con ninguno contará que lo defienda de sí.

Estará siempre en deuda con los espejos,
las imágenes despedazándose a cada resplandor.
¿Qué importa cuántas eran un minuto antes?

Al llevar las manos a los ojos, ¿cuánto repinta
de lo que hasta entonces nadie presume haber perdido?
¿Sabría deshacerse de lo que hasta ahora no tuvo?

¿Cuánto excavará el recuerdo y la ambición,
sin distinguir a cuál agujero se dedica más?
Al roer las voces que lo cercan, apenas cenizas.

Formas arrastradas para el límite de lo ilegible.
Dónde poso la mano sin que me escapes, dice.
Y ya casi nada más decía, limitado a la caída.

¿Planearía tornar a cada espejo sumergido,
para rehacerse de la imagen mal vislumbrada?
Lo que le costaría en naufragios, ¿interesa?

Cuerpos de la ilusión inmersos en agua salada,
como ríos atormentados por un ritual.
¿Cuántas veces no somos sino lo que fuimos?

En alguna parte un dios, un niño travieso, luz
quemada en plena ilustración del espíritu.
¿Cuánto cuesta recorrer el dolor entero?

¿Qué más retuerce al ser que su reverso?
Una gran lengua que retenga toda la vida,
y que nos diga lo que tenemos de más íntimo.

Caer en la travesura del tiempo o del espacio,
he aquí cómo ceder al arte de matar el espíritu.
¿Cuánto de mi depósito en la cuenta del vivir?

¿En común, los escrúpulos de la inocencia
y las sospechas del crimen, qué tienen?
Decaído el espíritu coquetea con vagos perfiles.

Quien sabe el peso del vacío y su destino,
calcule la tarifa del correo y lama
la estampilla como el espinazo del infortunio.

¿Qué suscribo cuando me libro de mí?
¿Hacia dónde voy si observo el mar cayendo
por todas partes y todo es río desmoronado?

Estirar el límite del fin hasta que reviente.
Que la ilusión no tenga sosiego y se rompa,
como la esperanza arruinada por capricho.

¿Cuántas migajas vagando por el bosque,
desencontradas de lo que ya nadie fantasea,
el espíritu encallado en conjeturas?

Un rosario de caídas, ¿a qué precio?
¿Qué transparencia soporta una noche
de sueño bien acomodada en sí misma?

Las imágenes se retuercen, convertidas en llama
dentro del fuego. Un pájaro se dice otro
al deshacerse de sus alas carbonizadas.

¿Cómo retener la escritura de un espíritu acabado?
Por donde cae salpica laberintos y resurge
y, óseo, vuelve a morir por todas partes.

Deshacerse de la neblina, de la arena, de los golpes
del deseo labrados en la piel de la prudencia,
cuesta más caro que el insomnio, ¿quién lo paga?

¿Cuánto se pide por el enredo de la semejanza?
Deuda así no se paga en vida. Dios
alguno cobraría tan poco por sus muertos.

La vida es excesivamente nula de lo que somos,
y se revela en el dolor que lanzamos contra
el espejo, quiebra, guarda, ningún descuento.

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